Arqueología y los sentidos: interpretar…

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Arqueología y los sentidos. Experiencia, memoria y afecto es un ensayo académico del arqueólogo y académico griego Yannis Hamilakis originalmente publicado en inglés por Cambridge University Press y que JAS Arqueología ha tenido a bien publicar en castellano. No son pocas las gratitudes que no solo la arqueología, sino también el conocimiento en general tendrán que dar a esta editorial, verdadero emprender contra viento y marea donde los haya. Vaya el aviso por delante: Arqueología y los sentidos requiere conocimientos previos en arqueología, aunque también en filosofía. No es un libro pensado para cualquier lector, aunque suene a hiriente prosopopeya decirlo. No obstante, Yamilakis hace un verdadero esfuerzo narrativo por hacer el viaje lo más inteligible que puede.

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Arqueología y los sentidos no es, como bien dice su autor, un nuevo tipo de arqueología (la arqueología de los sentidos) o un mero marco interpretativo, sino una propuesta de ruptura con el modelo cartesiano-occidental-moderno paradigmático de la arqueología occidental. Yannis Hamilakis desgrana la relación entre cuerpo y sentidos, el status quo sensorial occidental, y lo deconstruye. Muestra cómo en Occidente, los arqueólogos (y los no arqueólogos) se han dejado dominar por la dictadura de los cinco sentidos y, mas en concreto, con el domino de lo visual, desdeñando otros sentidos igual de importantes como el gusto, el olfato o el tacto. Una relación sensorial que es también una relación de poder. Es simple: ver los monumentos, los yacimientos, pero olvidarse de su tacto, del sonido que una vez albergaron, de los olores que una vez propagaron o de los sabores que una vez contuvieron.

No es lo que pensáis. Arqueología y los sentidos no es un canto al relativismo, otro desbocado ejemplo del giro lingüístico o semiótico, que va. De hecho, Hamilakis acompaña su poderosa argumentación sin olvidarse de dotar al corpus teórico de una incuestionable naturaleza empírica, esto es: de recurrir convenientemente al registro arqueológico. Hamilakis renuncia al estúpido planteamiento de que el pasado es incognoscible desde un primer momento, pero del mismo modo que desecha la idea de que el pasado se comprendió y se construyó con el mismo modelo sensorial que posee hoy en día Occidente y que poseyó, especialmente durante los sangrientos años del colonialismo, en los que el racismo y el poder occidental impusieron su interpretación sobre el pasado y el presente de las culturas conquistadas.

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Sí, en Arqueología y los sentidos no faltan neologismos (como, por ejemplo, cronotipo), pero el neologismo no es dominio exclusivo léxico de las interpretaciones críticas: estos toman prestados conceptos de la filosofía o de la sociología, y aquellos (el cientifismo obtuso y negador, de las ciencias naturales o físicas). Su mayor logro es ofrecer una alternativa sensorial tanto para el pasado como para el presente; idea que puede resumirse en las palabras del propio Hamilakis: «[Arqueología y los sentidos] encarna la intersección entre lo material y lo afectivo, lo sensorial y lo mnemónico, lo político y lo estético», porque, como dice en otro párrafo: «lo sensorial no puede estar divorciado de lo político».

Y dado que Hamilakis quiere conocer el pasado en la medida de lo posible, aplica con éxito interpretativo su hipótesis sensorial expuesta en Arqueología y los sentidos sobre el registro arqueológico, en este caso, la Edad de Broce de Creta. Así, los mal llamados palacios minoicos, por ejemploa través de una interpretación deliciosa, erótica y altamente sugestiva, pasan de ser centros de acumulación y redistribución de poder político y económico de las élites, de los reyes, para convertirse en espectaculares macrorreuniones festivas sinestésicas donde se mezclan lo audiovisual y lo olfativo, lo táctil y lo saboreado, los efectos subjetivos de drogas con los efectos creados por la luz sobre los frescos de las paredes.

Pero leedlo, es mucho mejor leerlo.

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