Blair Witch: clon de clon de clon

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El proyecto de la bruja de Blair, aunque les pese a muchos, es un icono del cine de terror. Uno muy valioso, además. No solo reinventó el subgénero del metraje encontrado dándole la forma que posee en la actualidad, utilizando herramientas y efectos ambientales novedosos para explotar más la tensión psicológica que el burdo susto, sino que creó un icono cinematográfico; una mala inolvidable y una historia o leyenda (un cosmos) bastante aterradora. Luego a no sé quién se le ocurrió sacar El proyecto de la bruja de Blair 2, una secuela que ni era secuela ni era nada, y que solo quiso aprovechar el tirón conseguido con el proyecto inicial.

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Y en 2016, Adam Wingard, a quien conocemos por buenas cintas como Tú eres el siguiente o su participación en las antologías de V/H/S o la espléndida serie Outcast, se le ha ocurrido crear una verdadera secuela con Blair Witch. Con un resultado bastante decepcionante… Sobre todo porque parece más un reboot que una secuela; de hecho es lo que pensé cuando vi el tráiler. Las situaciones son bien parecidas, por no decir calcadas, a las que aparecen en la primera entrega, y si te gustó esta, Blair Witch te dejará más que tibio, porque no aporta nada nuevo a la historia. El hermano de Heather va en busca de su hermana unos cuantos años después de que desapareciera; y ya… Se adentra en los bosques de Maryland con unos colegas y unos acoplados y experimenta prácticamente lo mismo que le ocurrió a su hermana, pero sin la sorpresa que, a través de ella, le supuso al espectador.

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Las situaciones están bien planteadas, y queda hueco para introducir algunos recursos nuevos, como la aparición espectral de la bruja (podrían haberlo explotado mucho más) o cierta utilización del body horror en forma de pus y otras sustancias suculentas y nutritivas que le salen por la pierna a una de las protagonistas. Blair Witch, como su hermana mayor, plantea al público una situación in crescendo para dejarse arrastrar, por lo que (como ocurre en la mayoría de metrajes encontrados; algo que me exaspera) durante la primera media hora o los primeros cuarenta y cinco minutos, no ocurrirá nada reseñable, salvo un gasto inútil de tu tiempo.

Blair Witch

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Con Blair Witch, Adam Wingard ha dejado pasar una muy buena oportunidad de dar a El proyecto de la bruja de Blair la secuela que se merecía, ofreciendo a cambio una gramática audiovisual que se atraganta por consabida y una dirección excesivamente perezosa, ya que el plantel de actores no destaca por otra cosa que por ser un cuerpo en movimiento. El antefamínico y claustrofóbico final, aunque digno, es también un buen ejemplo de cómo no mostrar absolutamente nada creyendo que lo muestras todo: como si cojo yo la cámara y me pongo a correr en una casa en ruinas pensando que así creo un efecto agobiante. Mal.

Aunque realmente, Blair Witch pude lograr convertirse en un algo que infunda, sino miedo, sí bastante desesperación: como una sala con gente que habla sin parar una vez empezada la película; pero vamos, como si estuvieran en su casa viendo Cine de Barrio. Ahí o te lías a gritos o sales a llamar a algún empleado del cine para que les diga que se callen. Recurrir a la autoridad. Eso hice yo, que soy todo un fascista. Pero se callaron, y por lo menos pude disfrutar en silencio de una buena decepción.

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