Cazafantasmos

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Los que crecimos con las películas de Los cazafantasmas de los ochenta recibimos con tibieza, cuando no con desconfianza, que se fuera a realizar un reboot de la película, aunque en la producción estuviera Ivan Reitman. Cuando se anunció que los protagonistas no iban a ser los originales, y mucho peor, ¡que iban a ser mujeres!, bastantes se llevaron las manos a la cabeza en un desdeñable efecto reflejo falocéntrico. Mancillar así la franquicia, ¡qué valor! Y después del estreno, dichas voces, aunque camufladas en un falso sentido estético y crítico del cine, se han vuelto más virulentas. Pobres ilusos…

Pero la dulogía original de Los cazafantasmas (aunque de original tuviera poco: ya existía una serie y una serie animada en los setenta que daría lugar a un conflicto judicial por los derechos en los ochenta), por mucho que nos encante, no fue un éxito de crítica, sino de taquilla, que con el paso del tiempo se ha convertido en icono cinematográfico. Por supuesto, no clamo por un valor prístino del sentido estético del cine, ya que culturalmente, desde una perspectiva antropológica, posee el mismo valor Los cazafantasmas de 1984 que Uno de los nuestros. Pero a veces parece que cuando se compara Cazafantasmas, el reboot, con Los cazafantasmas de Murray, Arkroid, Ramis, Hudson y Weaver, aparecen expertos en cine como caracoles en día de lluvia. Y su único argumento para afirmar que la película es mala, que no mola, es aducir que las protagonistas son mujeres.

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Se han roto el coco, sí. No iban a analizar el guion, la historia, las actuaciones, el montaje o la fotografía que, en un estricto sentido cinematográfico mantienen el mismo nivel de calidad que la original; ni tampoco los efectos especiales, que por razones obvias son bastante superiores a los de las originales. No, bastante más perspicaz es centrarse en que las protagonistas sean mujeres, y amén. Probablemente hubieran preferido que apareciera Bill Murray con tacatá… y etcétera.

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Pero Cazafantasmas, con sus mujeres protagonistas, es una buena comedia fantástica, tanto o igual como lo fue la original. Y además parece ser consciente del anacrónico malestar que iba a producir el rol femenino. En este sentido se muestra bien irónica, con Chris Hemsworth interpretando un papel de rubio (y no rubia) tonta; y crítica, cuando en un momento algún ciudadano o ciudadana del universo de la película clama contra las cazafantasmas: «Esperemos que se echen novio y dejen de hacer el ridículo», como si en 2016 la máxima aspiración de una mujer fuera tener un hombre a su lado; y mucho mejor, combativa, cuando contra el final boss del filme las cazafantasmas disparan (¡mujeres armadas!) sus pistolas protónicas contra los genitales, contra lo que le cuelga entre las piernas, del mismo.

Si queréis, otro día conversamos sobre los cameos de los protas originales, o comparamos con mayor profundidad las originales y el reboot. Pero hoy, me sentía obligado a poner de manifiesto lo estúpido que resulta que a algunas mentes privilegiadas les siga resultando raro, o les moleste, que las mujeres sean protagonistas.

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