Creed: el boxeo en tu cara

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La primera vez que oí que se iba a hacer otra película sobre el universo Rocky, como lo es Creed. La leyenda de Rocky, me espanté. Varios prejuicios desfilaron por mi pensamiento, y ni siquiera el tráiler de la advenediza cinta logró alejar de mi mente tales prefiguraciones sin ton ni son. Aun así, me decidí a verla, ya que el acto de ver una película es siempre un acto que, a priori, reparte razones para evadir el aburrimiento; luego ya podrás dedicarte a despotricar sobre si te ha entretenido o no. Y qué sorpresa con Creed. La leyenda de Rocky… Mayúscula.

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Lo digo sin medias tintas, y no me precipito: Creed. La leyenda de Rocky es la mejor obra cinematográfica en la actualidad que retiene la esencia del boxeo contemporáneo, y cuando digo boxeo contemporáneo me refiero al de los últimos 15 o 20 años. La era Pacquiao-Meyweather, si queréis. Y la mejor del cosmos de Rocky, sin duda. El universo Rocky es un gancho perfecto, pero no es menos cierto que podría haberse prescindido de él y el resultado hubiera sido igualmente embriagador. El hijo de Apollo Creed podría haber sido cualquier hijo ilegítimo de cualquier boxeador legendario (real o no), y el exboxeador que ya no quiere entrenar a nadie pero que al final lo hace, igual. No obstante, Creed. La leyenda de Rocky sabe explotar con mucho ingenio y una pasmosa eficacia, alejada por completo de la compulsividad argumental, la cosmogonía de Rocky.

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No es muy complicado comenzar con el análisis de una cinta que me encandiló mientras su metraje se sucedía ante mis ojos. Creed. La leyenda de Rocky es directa: su guión no se pierde en subtramas que no llevan a ninguna parte. Si bien es cierto que amenazan las manidas relaciones románticas, esta se entiende como una pieza funcional del guión: una tuerca. Eso y ya. También está la relación pupilo-maestro, y esta se agradece mucho más, aunque utilice recursos de guión también sumamente sobreexplotados. Pero Creed. La leyenda de Rocky no te miente, no trata de llevarte por caminos reflexivos que a Warrior, por ejemplo, le hicieron triunfar pero que a ella le hubieran hecho fracasar: es una película sobre el boxeo y la superación personal, y todo su esfuerzo narrativo se dirige a esa meta. Y lo consigue. Pasa por tus ojos y tus oídos sin que apenas te des cuenta.

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Sin dejar de lado las actuaciones estelares de Michael B. Jordan y, sobre todo, de un Sylvester Stallone que firma su mejor (también en el que mejor se desenvuelve en el drama) papel desde Acorralado (sí, Acorralado), el punto más fuerte de Creed. La leyenda de Rocky, reside en su edición, en el montaje, especialmente el de los combates, aunque también, por ejemplo, el de los entrenamientos. Por ello la afirmación con la que iniciaba el texto: Creed. La leyenda de Rocky es la mejor obra cinematográfica en la actualidad que retiene la esencia del boxeo contemporáneo. Ni es Toro salvaje (obra maestra pero centrada más en el boxeador) ni, por ejemplo, Marcado por el odio (clásica y genial pero para la que el boxeo es solo una excusa para contar una historia). Creed. La leyenda de Rocky quiere transmitir el boxeo contemporáneo como si fuera una noche de velada de la HBO, y lo consigue como nunca antes ninguna lo había conseguido; hasta el punto de que muchas escenas de los combates parecen combates reales. No obstante, actúa Tony Bellew, boxeador profesional.

Y yo me la quería perder… Putos prejuicios.

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