Dying Light: yamazombis

Heterodoxia, anarquismo, independencia, incorrección política, cultura audiovisual, literatura, Dying Light, Techland, Zombis, Resident Evil, Parkour

Por desgracia, el zombi se ha convertido en un icono pop. El hecho de que un muerto se levante de su descanso eterno ya no asusta a los niños, ni sus tripas colgando, ni sus gruñidos de bestia inclasificable. Gustan, que no asustan. Y eso es bastante triste para los que adoramos al zombi como icono del terror. Buena parte de la culpa la tiene el éxito de series como The Walking Dead y toda la literatura nacida después (o justo antes) de Guerra Mundial Z; para qué negarlo, mal que me pese Resident Evil también tiene algo que ver (aunque en origen, Resident Evil no trata sobre zombis).

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Por ello es muy difícil disfrutar con las películas o la literatura de zombis (bautizada con ese estigma de Z), plagadas de estereotipos y clichés eternos, circulares e irreversibles. Uno tiene que andar muy atento para esquivar toda la mugre que ha aprovechado el tirón comercial para hacer su particular agosto, y puede encontrar novelas como Yo, Zombi de Óscar Urra (por poner un ejemplo patrio) o películas como Fido o cualquier otra zombedia que calman su ansiedad. En mi caso, al menos, he encontrado refugio para seguir disfrutando de un apocalipsis zombi en los videojuegos, que brindan una experiencia mucho más sensible, en este sentido, que cualquier otra forma de arte y ahí está Dying Light para demostrarlo.

El equipo polaco de Techland se está haciendo fuerte en la industria. Parecía que Dying Light iba a ser una especie de Dead Island 2 anticipado, y en parte es así, pero, no obstante, hay que alabar las virtudes de un título que da un soplo de aire fresco al género (al de los videojuegos y al de los zombis, en general). En Dying Light hay virtudes y defectos en los dos componentes básicos de un videojuego: el artístico y el comercial.

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Si uno juega a Dying Light por vez primera, no le costará mucho confundirlo con Dead Island. El motor gráfico es el mismo (para lo bueno y para lo malo) y el diseño de texturas también. Cambia, eso sí, en Dying Light, el escenario, de una isla paradisíaca a una ciudad mediterránea con esencia árabe-oriental, Harran. Y el diseño de la ciudad sí es para quitar el hipo, tanto por lo vasto como por lo detallado, como por la arquitectura de los escenarios, diseñados específicamente para andar saltando por los tejados.

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Porque es aquí donde Dying Light se muestra diferente: no solo es un juego de apocalipsis zombi; es un apocalipsis zombi en el que hay que evitar a los zombis, sobre todo de noche. Si vamos a destrozarlos sin miramientos nos veremos en problemas, aparecerán por decenas y de distintos tipos (algunos muy peligrosos como los víricos, salidos de 28 días después). Pero cuando se hace de noche (de ahí el nombre Dying Light) es mucho peor, porque hay una variedad de zombi (más bien es como un tyrant de Resident Evil) que es prácticamente indestructible, y además con la oscuridad te perseguirán como locos en manada y tendrás que darles esquinazo, haciendo uso de tus habilidades de parkour. Así que te tocará desarrollar el personaje en un sistema bastante más simple (aunque parecidísimo) al de Dead Island. También podrás crear todo tipo de armas en Dying Light, como un hacha que aparte de cortar queme o envenene. Lo malo del arte de Dying Light es su historia, muy manida, y su narrativa, descuidada, ya que no es su fuerte. Gráficos y, sobre todo, sonido y música están muy a la altura.

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Pero como producto, como videojuego, Dying Light es una opción inexcusable: 80 horas he tardado yo en acabarlo; eso sí, en modo difícil y sacando el 97% del progreso. Las misiones secundarias, los desafíos, todo invita a querer progresar más y más. Un fallo es que la curva de dificultad en muchos desafíos es desproporcionada, básicamente porque no se ha trabajado la física como se debiera y, por ejemplo, si quieres partir una pierna a un zombi muchas veces acabarás dándole en la cabeza, y te desesperarás. A veces las texturas tardan en cargar, y hay algo de popping y de clipping, señal de que no se ha pulido en exceso este apartado técnico. La IA funciona bien, aunque te cansarás de ver zombis suicidas. Sin embargo, si lvidamos estos detalles y añadimos la posibilidad de jugarlo con colegas, y que ahora está a precio reducido, no te podrás resistir.

Solo una cosa más, y me voy a repetir, deja de leer novelas de zombis baratas, la última que coloca FNAC en los más vendidos, deja de ver la última película de zombis adolescentes enamorados, y juega a Dying Light: una experiencia inigualable condimentada con litros de sangre y kilos de vísceras. Buenas noches, y buena suerte…

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