Emilio Bueso, el fantástico en español

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Cuando escribí la reseña de Extraños eones ya dije que si no sabías quién era Emilio Bueso, y te gusta alardear de lo friki que eres en lo del terror y lo fantástico, es que eras un auténtico mentecato que no sale de sota, caballo y rey o de Stephen King, el zombismo y todo lo que huele a cheeseburguer. Hoy publico la entrevista que realicé en agosto a Bueso, para que aquellos que no le conozcan pueden hacerlo, y aquellos que ya le conocen puedan disfrutar leyendo las respuestas que dio a mis preguntas, muchas de ellas sin desperdicio.

Para los que este castellonense os pilla de nuevas, deciros que ha publicado cinco novelas que, pese a driblar a la ortodoxia genérica, pueden englobarse en ese cajón desastre denominado género fantástico: Noche cerrada (2007, Verbigracia, hoy descatalogada y solo disponible en ebook), Diástole (2011, Salto de Página, Premio Celsius 2012), Cenital (2012, Salto de Página, Premio Celsius 2013), Esta noche arderá el cielo (2013, Salto de Página) y Extraños eones (2014, Valdemar), y que, además, son, cada una de ellas, seriamente muy cojonudas. Personalmente, a mí me cuesta escoger a una como favorita, aunque suene a típico tópico, pues poseen su propia individualidad y personalidad que las hacen especiales. Además, es autor de cuentos igualmente propensos a provocar eyaculaciones, algunos publicados por él mismo a través de Amazon en una antología titulada Esquivando el sueño.

Aparte, y por si fuera poco, es un tipo muy majo. Así que, sin más, os dejo con todo lo que charlamos.

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—Estoy seguro de que nadie habrá comenzado a hacerte una entrevista con la siguiente pregunta, pero es que intuyo que es algo que muchos de tus lectores se habrán preguntado y, mucho más importante, es a mí al que le importa, porque soy muy cotilla: ¿cuál fue la primera novela que leíste?

El hobbit. Círculo de Lectores se la encasquetó a mi padre y yo la intercepté siendo un tierno mancebo. Me sigue pareciendo una novela infantil cojonuda. Y Tolkien un obsoleto.

—Sí, y un conservador de la hostia, aunque no importe mucho. Siguiendo con cosas de tus inicios, igual que les ha ocurrido a muchos escritores, ¿te llevaste alguna hostia grande, alguna decepción que te hiciera plantearte abandonar o recogiste frutos muy rápido? En este sentido, ¿qué le dirías a un joven escritor al que ya le han rechazado un manuscrito tres editoriales?

El cuarto en el que escribo yo tiene como dos metros cuadrados de pared empapelados con notas de rechazo.

A mí me rechazaban a los diecisiete y a los veintisiete. La última vez que encajé uno fue a los treinta y siete, hará como diecisiete meses, cuando acudí con una infantil demencial a un sello especializado en niños ñoños. Apuesto a que encajaré otro rechazo si ahora le mando a Tusquets o a Anagrama una de las novelas oblicuas que suelo vender mejor.

El rechazo es inherente al ejercicio de la literatura. Sucede cuando le vas a un editor con un libro que no es como los que se cree que publica. Yo ahora mismo tengo ofertas y puertas abiertas en casi todos los sellos del panorama, sí, pero solo si les voy con algo distópico, o con una de zombis… Y oye, visto que aquí solo te pagan con trabajo a cascoporro, cientos de kilómetros en balde, palmadas en la espalda y alguna chatarrilla, antes prefiero pillarme los cojones con la tapa de un piano que seguirles el juego a los estudios de mercado. Por eso supongo que ando cerca de encajar otra nota de rechazo bien pronto.

—Metiéndonos ya en Extraños eones, ¿has viajado mucho a Egipto y a El Cairo, has paseado por El Arafa o se debe a una espectacular y acertadísima labor de documentación? Te lo digo porque entre otras muchas cosas, fue uno de los aspectos que más me impresionó de la novela.

Yo en lo peor de Arafa, durmiendo entre tumbas llenas de mierda, con mi teléfono de cinco megapíxels, pues… lo mismo duro dos días. Aparte, en mi último viaje al Tercer Mundo ya me traje a España una enfermedad de las que no te recuperas nunca, no sé si después de algo como eso me veo capaz de sumergirme más hondo en los escenarios que cubro. ¿Es que queréis que me deje la vida del todo con estos libros?Heterodoxia, anarquismo, independencia, incorrección política, cultura audiovisual, literatura, 15m, bueso fantaterror, cenital, cthulhu, diastole, distopia, emilio bueso, esta noche ardera el cielo, extraños eones, literatura terror, lovecraft, noche cerrada, nyarlathotep, poe, salto de pagina, stephen king, valdemar

En rigor, documentar Extraños eones fue muy duro, sí, pero documentarse bien siempre lo es. Para cubrir aquellos arrabales de El Cairo lo decisivo no fue viajar, sino algo bastante más caro: entrevistarme durante mil horas con un tío que había sido el líder de una pandilla de esnifadores de pegamento. Puedes ver su nombre en los agradecimientos de la novela. Sigo alucinando cuando recuerdo algunas de las cosas que dijo al presentarme su historia. Soltaba a menudo cosas como «éramos cinco mataos, todo el día buscándonos la vida, yo conseguí escapar de aquello y ahora estoy aquí; mis chicos se quedaron allí, pero en las fosas comunes, a seis pies de profundidad». Todo frases de demolición, más duras que las mías. Pura poesía.

Los homies como los que protagonizan mi novela se ve que duran muy poco. Sus vidas no dan ni como para que la prensa los descubra del todo y aborde bien su problemática, conque nada como contactar con un superviviente. Porque mis libros navegan en datos poco o mal documentados, ahí es donde veo yo las historias únicas, las que todavía no se han contado.

—Nyarlathotep, Cthulhu, Lovecraft… Cuando escribí la reseña de Extraños eones ya dije que para mí Lovecraft está poco menos que beatificado. Aunque es indudable su importancia en el desarrollo del género de terror, tanto el literario como el cinematográfico, ¿te resulta más imprescindible que Poe o Stoker, por ejemplo?

No.

Desde donde yo entiendo este oficio, Lovecraft hace que esos dos parezca que no están en esto.

—Personalmente, lo que más me asustó de Extraños eones, amén de Nyarlathotep y sus acólitos, es la desgarradora crónica social que realizas de una infancia que es así de cruda o más en muchas partes del mundo, algo que condensas con una profundidad tan enternecedora como abrupta en «El Rock ‘n’ Roll de la concupiscencia humana». En mi lectura, incluso, lo sobrenatural se me iba a un segundo plano en algunos momentos. Quizás la pregunta te parezca demasiado obvia, pero, teniendo en cuenta que hay autores del género que se entregan a la estética por la estética, o a la historia por la historia, ¿no crees que un género como el terror (el fantástico si se quiere) desaprovecha la gran potencialidad metafórica que tiene para denunciar lo más hórrido de la sociedad o para plantear cuestiones de mayor reflexividad?

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—Fuera del género fantástico, ¿cuáles son los autores que más te han influido?

Palahniuk, Bukowski, Carver, Capote, Ellis, Vann…

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—Me consta que has batallado mucho sobre el asunto de la distopía y su definición, sobre todo con los que se creen que poseen la esencia canónica de la misma, a saber: un futuro ultratecnológico, aterrador y totalitario. Cualquiera que se haya preocupado un poco sobre el tema, sabe que existen distopías excelentes que no reúnen esas características (se me ocurren El hombre que quería ser culpable de Henrik Stangerup o, nada más y nada menos, que El señor de las moscas de William Golding), pero, para ti, ¿qué aspecto es esencial en una distopía?

La sociedad actual está superando el discurso distópico canónico, en todos los sentidos. Entre otras cosas, porque una distopía es cuando te levantas una mañana para descubrir que tu país está empalmando un gobierno títere tras otro, que ya ha puesto a una tele de plasma al frente del ejecutivo y que te lleva veinte años robando y engañando. Luego ves como la calle toma conciencia de eso y se infla a patalear, pero su intención de voto apenas cambia.

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Esto es, que ya vivimos en una distopía, en una distopía de manual. Llegados hasta aquí, lo que procede cuando realmente se hace literatura de anticipación es lo que vendrá tras esto, que no es otra cosa que un escenario postapocalíptico. Por eso a mí me la trae floja y pendulona que haya gente que no haya dejado atrás ya a Orwell y a Huxley. ¿En serio vas a leerte 1984 ahora que los realities han pasado de moda y ya es imposible cruzar Castellón de punta a punta sin que te encuadren docena y media de cámaras tras las que bulle un software de reconocimiento facial? Eso me parece casi tan triste como dedicarles tiempo a las novelas que hablan de naves interestelares cuando ya empieza a verse claro que la humanidad morirá sin haber escapado del planeta en el que apareció.

—En las solapas de todas tus novelas (no recuerdo si en Noche cerrada también) se dice que empezaste tu carrera literaria en el realismo sucio. La influencia en tu estilo es más que evidente, pero ¿llegaste a terminar algo propiamente del género de Bukowski y Carver; algo sin fantasmas, caníbales o vampiros?

Como media docena de novelas. Con patatas, me las comí. Fueron toda una mili, eso sí.

El realismo sucio no ofrece posibles a los autores españoles, caso contrario los cultores solventes que ha dado se habrían inflado a vender. Y ni Sergi Puertas ha conseguido sobrevivir al panorama.

—¿Qué se siente cuando una editorial como Valdemar afirma que estás llamado a revolucionar la literatura de terror española? ¿Te ves como tal?

Eso solo es palabrería, discurso comercial. Mercadotecnia de contraportada. La literatura de terror española apenas tiene cultores ni lectores. ¿A ti te parece honesto decir que has ganado una carrera en la que corren cuatro?

Lo único que están diciendo los sellos como Salto de Página o Valdemar cuando me ponen a la cabeza de esto es que han contratado un libro mío tras rechazar los de los autores que sitúan en mi hornada. Pero yo no tengo una hornada. Me encuentro fuera de lugar en casi todos los embolados que arma la literatura de género original en castellano. El único tío del panorama nacional inmediato con el que siento que comparto algunas coordenadas clave es José Miguel Vilar-Bou.

—Voy a volver a ser un cotilla, pero esta vez sobre tu método: ¿llevas la dichosa libreta para apuntar ideas que te puedan surgir o ya utilizas el móvil? ¿El nervio de una novela te viene de un golpe o puede cambiar mucho desde que empiezas a escribirla hasta que la terminas?

El nervio de la novela es una cosa con la que doy cuando no consigo sacarme una idea de la cabeza ni a la de tres. Si me acude una historia y luego la olvido es que no era tan buena como para merecerse trescientas páginas.

En mi caso, comprendes que tienes material para un libro cuando se te sale por las orejas, te revienta por dentro y ya no te deja dormir ni leer. O, no sé, yo a veces me siento como mi propio exorcista, cuando escribo.

—Una pregunta que estoy seguro de que nunca te han hecho: creo que en casi todas tus novelas aparece un pedo de una u otra manera, ¿es una broma que te has propuesto introducir en todas tus obras mayores o ni siquiera te habías dado cuenta? Lo más llamativo es que no desentona, aun cuando suele aparecer en momentos de tensión, y, como dije en la reseña de Extraños eones, no entran ganas de cagarse en tus muertos.

Tío… algo está fallando contigo cuando te has quedado con eso.

—Sí, flatofilia lo llaman, aunque mi psicólogo dice que no hay nada de lo que avergonzarse…; pero sigamos con lo nuestro: en la mayoría de tus novelas y en muchos de tus cuentos, hay mucha carga sociopolítica, incluso histórica. Cenital es quizás el ejemplo más paradigmático, aunque algo claro se ve también en Noche cerrada y en cuentos como Bola de mierda y Barrer, quizás soñar. Al hilo de Cenital, ¿te decepcionó el 15M y en lo que se acabó convirtiendo? Y, mucho más importante, ¿te atreverías a definirte ideológicamente prescindiendo de cualquier clase de ismo?

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He dicho muchas veces que el 15M fue todo un ejercicio de derecho al pataleo, una revolución sin líderes ni ideología ni resultados. Ahora empiezo a pensar que igual me equivoqué ahí, porque lo cierto es que desde aquel día la intención de voto de los españoles ha ido abandonando progresivamente al bipartidismo.

Al respecto de mi credo político, yo ya solo creo en las guillotinas, de un tiempo a esta parte. Voto a unos partidos que nunca ganan nada y luego tengo que tragar conque algunos se quejen de que todos mis personajes son unos perdedores.

—Por último, agradecerte tu tiempo y pedirte que respondas al pequeño cuestionario sobre cultura audiovisual que hago a todo el que pasa por aquí; básicamente que me digas el título de un libro de no ficción y uno de ficción, el de una película, el de un disco y el de un videojuego (si te gustan). No necesariamente tienen que ser tus favoritos ni novedosos.

Todo el mundo debería leer Colapso de Jared Diamond, La piel fría de Sánchez Piñol, y quizás ver varias veces El club de la lucha. La música que yo escucho no es muy recomendable, es pura violencia gratuita. Los videojuegos me gustan narrativos, adoro casi todos los que escribe Benoît Sokal, aunque siempre llevo algún machacabotones en el tablet… Pero no me siento cómodo cuando me piden que prescriba obras, yo prefiero recomendarle al friki promedio que salga a la calle, a que le pegue el aire.

—Chapó.

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