Las mejores de los Goya 2017

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Hoy en la peli del domingo dedico un breve especial para repasar las que a mi parecer han sido las mejores obras de las que optaban a los Goya 2017, las cuales he visto todas en el cine. Y lo hago no solo por aprovechar la cercanía del evento, sino también por celebrar la buena salud del cine español. Seguro que más de una vez habréis escuchado un comentario del tipo «El cine español es lo peor» o bromas al uso sobre el particular. Bueno, comentar algo así es síntoma manifiesto de incultura. España siempre ha tenido grandes cineastas que han creado obras maestras: ahí están Buñuel, Berlanga o Edgar Neville (inolvidable La torre de los siete jorobados), en la lejanía; y Amenábar, de la Iglesia, Balagueró o, aunque me joda reconocerlo, Almodóvar y Garci; y otros tantos en circuitos como la serie B, caso de Jess Franco, o del fantaterror como Amando de Ossorio. Y a ellos se van uniendo Alberto Rodríguez Librero, Raúl Arévalo, Daniel Calparsoro, Rodrigo Sorogoyen o (también me crispa reconocerlo) Juan Antonio Bayona.

No diré nada de 1898. Los últimos de Filipinas porque ya le dediqué una crítica. Así que, ¡empecemos!

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El hombre de las mil caras es de obligado visionado para todo aquel que sienta curiosidad por el funcionamiento de las cloacas del Estado, en concreto las del Estado español. Un thriller de espías que muestra cómo se gestionó uno de los casos de corrupción y de los escándalos políticos más célebres de la historia contemporánea de España. Su fuerte no es tanto la tensión sino la sobriedad con la que muestra unas actividades sumamente sucias que se retratan como completamente normales. Esas cosas que pasan aunque tú creas que no, aunque tú pienses que son cosas del cine o la literatura. El tono me recuerda mucho a El topo, tanto como su falta de su crispación. Mención especial merecen Eduard Fernández, Carlos Santos y José Coronado, que lo bordan. Intriga sin un solo tiro.

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Cien años de perdón no se llevó ningún premio, pero el argentino Rodrigo de la Serna podría haberse alzado con el Goya a mejor actor revelación sin ningún tipo de sorpresa; y que Luis Tosar no haya sido nominado se entiende porque ya se ha llevado dos Goyas por otras interpretaciones. La cosa va de un atraco a un banco que se tiñe de cierta sensibilidad social; aquí sí hay tensión, y giros en el guion, que compone una historia que te arrebatara tu atención. No dejes de mirar, no te pierdas un segundo.

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Que Dios nos perdone es una maravilla de thriller de asesinatos. De un asesino en serie en un escenario de lo más atractivo: la visita del papa a España. Roberto Álamo y Antonio de la Torre están soberbios: expresan con profunda expresividad psicológica y física las intrahistorias de sus personajes. Es ahí donde reside el encanto de la cinta: en construir una narración macabra en torno a dos personalidades bien diferentes; diferentes pero que no vacilan en actuar contra un verdadero monstruo. Fetén el guión. Que Dios nos perdone recuerda mucho a Seven, pero situada en lo más profundo del casticismo, que diría Unamuno. Merecido premio para Roberto Álamo.

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Y mi preferida: Tarde para la ira. Raúl Arévalo ha debutado de un modo con el que muchos cineastas sueñan. Una verdadera joya del thriller, con mandíbulas inferiores que se os caerán en más de una ocasión. Gracias a su ensordecedor silencio, a la cinta la rodea un aura de atractivo geométrico; triángulos y círculos de misterio y de tensión que se van resolviendo de una forma tan natural que uno no puede más que maravillarse ante la perspectiva cinematográfica de Arévalo y la magia de su pluma y la de David Pulido al escribir el guion. Huele a neo noir, se siente la influencia contemporánea de Nicolas Winding Refn, y también la del Garci de El crack. Venganza dilatada, parsimonia fotográfica, contemplación, cercanía, y la humanidad que desprenden los personajes la convierten en una de las mejores películas que se han producido en España en los últimos años. ¿La culpa? La marcada y tierna batuta de Raúl Arévalo. Todo es espectacular y Antonio de la Torre y Luis Callejo consiguieron ser nominados ambos al premio al mejor actor. El fugaz pero intensísimo papel de Manolo Solo es una muestra del meticuloso esfuerzo de la producción y del ojo cinematográfico de Arévalo.

Como veis, las cuatro películas que he comentado son thrillers. Realmente, este género vive un momento de dulzura en el cine español. Cuantas más veo, más me gustan y más orgulloso me siento. Me hacen soñar con que España se codee con Corea del Sur en la producción de excelentes historias audiovisuales de venganzas, misterio y asesinatos. ¿Soñar? Bueno, ya es una realidad, con una perspectiva bien diferente a las retorcidas y maravillosas historias del país asiático (por favor, tenéis que ver No Mercy si aún no lo habéis hecho), pero sin nada que envidiarlas.

¿Y Un monstruo viene a verme? Bueno, la película se merece los premios, es una producción espectacular y de un poderío visual enorme (cosa en la que Bayona es todo un experto), pero en cuanto a la historia, es tan manida y tan plana, pese a los esfuerzos histriónicos de los actores y actrices, que decir que me dejó tibio es poco. Una bomba lacrimógena que solo pretende emocionar a base de latigazos familiares estereotípicos, como una canción de Camela, vaya, cuyos vídeos dirigía Bayona antes de meterse a la gran pantalla. De hecho, él mismo, no sé muy bien por qué, no paró de llorar durante casi toda la gala. Moralmente, me parece un ejercicio demasiado abusivo.

Bon appétit!

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