Los becarios: publipeli de Google

Soy culpable. Lo reconozco. Hay momentos en los que no me apetece ver nada sesudo, nada con cuyo significado (simbólico, semiótico o narrativo) después pueda fardar en un corrillo de botellón o de tasca de fin de semana. Por eso de vez en cuando me pongo una peli de esas que normalmente se consideran malas tirando a mierda, sea de producción ibérica o yanqui. De ahí que ayer le diera al play para ver Los becarios de Shawn Levy (responsable entre otras de La noche en el museo), y bueno, la cosa no fue tan mal como con la desastrosa y feculenta Un buen partido.

Heterodoxia, anarquismo, independencia, incorrección política, cultura audiovisual, literatura, Los becarios, Owen Wilson, Vince Vaugh, Shawn Levy

La historia de Los becarios es la de dos recientes cuarentones que no tienen ni idea de Internet o de informática y, por arte de magia, terminan de becarios, junto a otros personajes que formarán su grupo, en Google durante un verano para competir con otros grupos por unos puestos de trabajo en la multimillonaria multinacional. Aparte de que Google ha hecho una campaña de publicidad genial, ya está: no hay más.

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Los becarios es entretenida, el tiempo pasa y no te aburre, y no puede achacársele un mal hacer en eso de la técnica: es un buen producto, como un Big Mac, o así. Hay un par de momentos graciosos, realmente buenos, aunque resultan más hilarantes en inglés que en la lengua de Quevedo. Tiene algo también de pésima comedia romántica, pero destaca sobre todo, a diferencia de otras buenas comedias, románticas o no (Crazy, stupid, Love o El lado bueno de las cosas, por citas algunas de las yanquis más recientes) por su absoluta falta de sentido, porque cuando lo intenta (que tampoco es que lo haga mucho), no logra pasar de la profundidad de una mentalidad quinceañera.

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Las actuaciones de Owen Wilson y Vince Vaughn son correctas tirando a buenas. Cumplen. Saben lo que hacen ya acostumbrados a moverse en esos cenagales. Pero es que la narración de Los becarios es manida hasta la cólera; aunque no te produce arcadas y sea ideal para evadirte cuando te sientas triste, no te apetezca pensar absolutamente en nada y no tengas algo mejor que hacer. Vamos, que dentro de un año nadie la recordará. Lo peor de todo, además, es el tufo a moralina yanqui respecto al trabajo en equipo y demás, que puede olerse desde Algemesí.

Al final de todo, coincidirás con casi todo el mundo en que lo que se hace más interesante y molón de toda la película es ver cómo funciona Google por dentro. Acceder al Googleplex y cerciorarte de lo mucho que molaría currar allí aunque fuera de limpieza o de camarero en la cafetería. Más allá de esto, hay bien poco. Aunque si solo queréis que el tiempo pase y no pensar, al verla os quitaréis dos horas.

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