Los odiosos ocho: Tarantino sin cortar

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Ansiaba ver Los odiosos ocho. No solo por calmar el morbo cinematográfico (muchas veces ya cansino) de «¿Cómo será lo nuevo de Tarantino?», sino también porque Django desencadenado me decepcionó bastante; obviamente no es una mala película, pero junto a Jackie Brown o Death Proof es de los más infumable del director de Kill Bill, especialmente la del exesclavo por sus gratuidades narrativas. Y me encontré con un monumento de Tarantino a sí mismo: un brutal autohomenaje. Para mí una de sus mejores cintas junto a Reservoir Dogs y Pulp Fiction.

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Los odiosos ocho no se deja llevar por los complejos de Tarantino, como ocurrió con sus dos últimas películas, sino que se presenta en sus orígenes. El de Tennessee siempre se autorreferencia en sus trabajos, pero no pude dejar de pajearme con esa situación de Los odiosos ocho que tanto me recordaba a Reservoir Dogs: ese espacio opresivo, cerrado; los diálogos abrasadores en detrimento del impacto visual; los personajes que son universos; el aislamiento; las palabrotas… Y tampoco de que el director haya elegido una ambientación como el western para contarnos su nueva historia.

Vuelve también, en Los odiosos ocho, el mejor Tarantino por entregas, el maestro narrativo que divide sabiamente su historia en una serie de capítulos que conforman un guion tan macizo que nada se le puede achacar: todo colocado en su precisa posición; cada suceso, cada acción, cada palabra, introducidas con maestría en el desarrollo de la historia. Tampoco olvida, Los odiosos ocho, el guiño a la reflexión y la incursión interpretativa de la historia estadounidense. Y lo mejor: que las casi tres horas que dura la cinta se convierten en un estado de satisfacción del que no deseas salir; el mundo se detiene en la sala.

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Y regresa, como no podía ser de otro modo, en Los odioso ocho, la mejor violencia de Tarantino, tanto la perversa como la explícita, tanto la justificada como la descontrolada, tanto la verbal como la hemoglobínica. No puedes perderte en sus fotogramas, no hay descabellados intentos de desviación audiovisual: va a lo que va, hace lo que mejor sabe, y el resultado no puede dejar de celebrarse. La realidad y la tecnología, la voz y el efecto, se someten al ojo de Tarantino.

Mención aparte merece una banda sonora original, a cargo de Ennio Morricone, que de entrada se ha llevado una nominación al Óscar. Mucha gente ama a Tarantino por elegir la canción apropiada para el momento oportuno. A mí me agrada esa faceta suya, pero en ocasiones se me ha atragantado (como Justice sonando en la Segunda Guerra Mundial o el rap ecuestre en Django desencadenado)por ello me entusiasmó que en Los odiosos ocho se optara por una banda sonora original y se desechara la posibilidad de cualquier anacronismo. Un trabajo sublime que acompaña en cada nota el acojonante sentido de la irreversibilidad de la situación: Los odiosos ocho es una apología inmejorable del punto de no retorno.

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No hay que hablar del casting, del montaje, de la edición del sonido… simplemente porque rozan la perfección. Si con Pulp Fiction Tarantino rescató a John Travolta, con Los odiosos ocho ha hecho lo propio con Kurt Russel. Y ahí esta Jennifer Jason Leigh, que con tres palabras en toda la película firma una de las actuaciones más expresivas que recuerdo. Y luego añade al inconmensurable Samuel L. Jackson o Tim Roth, Bruce Dern, Channing Tatum o Demian Bichir.

Aunque, aun así, uno puede encontrarse con comentarios tan cinéfilos del tipo «No llega a la altura de Malditos bastardos y Django desencadenado pero mola mucho». Ya sabéis: ni agua. Lo único que me jodió es no poder verla en 70 milímetros; pero tarea pendiente es.

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