Mad Men o la coartada publicitaria

Heterodoxia, anarquismo, independencia, incorrección política, cultura audiovisual, literatura, Mad Men, Jon Hamm, Matthew Weiner, Christina Hendricks, Don Draper, Capitalismo, Historia

Que disfrutemos de la 2.0 en todo su esplendor (con la 3.0 en estado embrionario) nos regala ciertos privilegios. Da gusto ver una serie temporada a temporada, aunque no me negaréis que jode esperar; otra opción es esperar a que acabe y verla del tirón (aunque te expones a spoilers masivos). Y eso es lo que yo hice con Mad Men. Nunca pensé que Mad Men me iba a enganchar tanto. La primera vez que oí hablar de ella fue a una compañera de trabajo y, a pesar de poder sonar sexista, lo que contaba me sonó a telenovela. Pero fue el primer capítulo (otras series grandiosas no lo logran) de Mad Men el que me enganchó, con Don Draper pensando cómo iba a presentar su campaña para Lucky Strike.

Porque desde ese primer capítulo se muestra el fenotipo de Mad men que se respeta durante las siete temporadas: la publicidad como un motor del capitalismo, la búsqueda de la felicidad (o del escape de la infelicidad) y el misterio psicológico y motivacional de un protagonista con un magnetismo como pocos se han creado: Don Draper/Dick Whitman, con Jon Hamm haciendo el papel de su vida. Pero Mad Men no se contenta con ese esquema, y a lo largo de toda la serie se reflexiona sobre gran variedad de temas: el racismo, el machismo, el sexismo, el tabaquismo, el adulterio, la obsesión por el triunfo y el trabajo y, por supuesto, toda la gama de reflexiones habituales desde el principio de la literatura (el amor, la valentía, el liderazgo…).

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Mad Men, por boca de sus personajes, nos brinda frases para enmarcar, muchas de ellas auténticas claves para comprender no solo la realidad histórica de Estados Unidos a lo largo de los años sesenta, sino también la del mundo occidental y la de nuestro presente, a través de inconscientes paralelismo anacrónicos. No es para menos en un serie en la que sucede el asesinato de Kennedy, de Martin Luther King Jr., la crisis de los misiles en Cuba y la llegada de Armstrong a la Luna. Entremedias de Mad Men, suceden también otros acontecimientos históricos, que complementan y hacen comprender mejor esa realidad histórica. Por ejemplo, cuando en el capítulo cuarto de la cuarta temporada, «Los rechazados», Peggy conversa con Joey:

—¿Sabes que Malcolm X fue asesinado el domingo?

—Sí, Peggy.

—Bien, pero ¿sabes quién era?

—¿De verdad lees lo que hay entre los anuncios?

Otras cotas ahondan en ese tratado sobre la infelicidad y la obsesión por el triunfo y el trabajo, como en el capítulo noveno de la segunda temporada, «Periodo de 6 meses», en el que Freddy, ante la baja impuesta por su alcoholismo, se lamenta: «Si no voy a trabajar todos los días, ¿quién soy?». O los de la relación padres/madres-hijos, otro leitmotiv que suena durante toda la serie; un momento cumbre, quizás, se da en el capítulo décimo de la última temporada, «La previsión»cuando Don le dice a Sally: «Eres una chica preciosa, en tu mano está ser algo más». Y así podríamos seguir durante un buen rato…

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Los personajes: una característica maravillosa de Mad Men. Como no podía ser de otra forma para una serie donde a la individualidad se le rinde culto, los hay de todos los colores y para todos los gustos, y en gran variedad. Algunos se marchan para no aparecer nunca más de manera tan trágica como la muerte (caso de Salvatore), y otros, muy a tu pesar, aguantan hasta el final, caso de Joan, uno de los personajes más cínicos, arrogantes y despreciables que ha dado la televisión: un 10 para Christina Hendricks por la interpretación. Y por las oficinas y fuera de ellas campan Roger, Harry, Pete, Stan o la odiada sombra de McCann Erickson.

En definitiva, Mad Men es más de lo que aparenta. Drama de época, sí, pero no menos cierto es que las tímidas pinceladas de culebrón no le sientan mal. Pero va más allá de lo puramente narrativo o técnico, y se acerca sin tapujos a lo ideológico, a lo político. Encierra mucha crítica al capitalismo sin caer en el dogmatismo marxista y de la izquierda tradicional y, tal vez, haciéndolo desde el propio capitalismo. Sin prejuicios ideológicos, Mad Men posee una de sus mayores virtudes en reflejar las consecuencias sociales e individuales del capitalismo experimentado en toda su potencia.

Y es algo que no se puede olvidar… Gracias Matthew Weiner.

2 Comments en Mad Men o la coartada publicitaria

  1. Me gustó muchísimo. No hay personaje mal diseñado, todos tienen personalidad propia. Don, Peggy, Sally, la hija de Don, los socios de Don… ¡todos!
    Excelente el reconocimiento que haces a Matthew Weiner. Pensaba que era de él, -pero acabo de consultarlo y parece que no-; de todas maneras te diré que he visto las dos temporadas que por ahora han emitido de “Happy valley”. Te la recomiendo.
    Un cordial saludo

    • Gracias por el comentario Juan Carlos. Sí que es de Matthew, de hecho, el personaje de Glen Bishop lo interpreta su hijo. Ya me interesé por Happy Valley, pero es que hay tanto que ver que uno no da abasto. Yo ahora estoy con Shameless y Mr. Robot: ¡te las recomiendo!

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