Only God Forgives y repetir estructuras

Heterodoxia, anarquismo, independencia, incorrección política, cultura audiovisual, literatura, Only God Forgives, Nicolas Winding Refn, Ryan Gosling, Drive

Todo empezó con Pusher (1996), un filme noir sombrío y decadente, sin mucha carga literaria (más explicado con imágenes que con palabras) que se ha convertido con el paso del tiempo en cinta de culto. Esa fue la ópera prima de Nicolas Winding Refn, que completaría una trilogía de Pusher, jugaría con la moral y el histrionismo en Bronson (2008), y desarrollaría su estilo personal en Valhalla Rising (2009), el cual alcanzaría su cenit en Drive (2011), su magnum opus hasta el momento.

Hay que reconocerlo: su estilo es único. Una forma de narración cinematográfica dominada por un silencio expresivo, desgarrado en momentos cumbre por un grito o el sonido quebradizo de un cráneo o acompañado dulcemente por una música deliciosa que, aun así, no logra arrancarnos la sensación de fría extemporaneidad, acentuada aún más en lo estético por un pletórico tenebrismo, a veces gris y ceniza, a veces flúor y de neón. Con esas herramientas expositivas, Nicolas Winding Refn nos ha contado qué le parece la venganza, el castigo, la soledad o, simplemente, el aire que se respira en los estratos más subrepticios de la sociedad.

Es lógico que Only God Forgives, protagonizada por uno de los mejores actores del momento, Ryan Gosling (que va camino de ser a Winding Refn lo que Johnny Depp a Tim Burton), levantara muchas expectativas (en mí por lo menos lo había hecho); otras cosa es que las haya cumplido…

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Only God Forgives podría pasar perfectamente por una segunda parte de Drive, y digo esto en el peor sentido de la palabra: hay planos, momentos y, sobre todo, expresiones en el rostro de Gosling, iguales a las de la película de 2011, tanto que parece el mismo personaje, tanto moral como conductualmente, aunque aquí forme parte de una familia de narcotraficantes internacionales de cocaína y heroína que hace frente al asesinato de uno de sus miembros. La nocturna voluptuosidad de las calles de Los Ángeles se cambia por el exotismo de Bangkok, pero este esforzado cambio de escenario no consigue ocultar la pereza del director que, consciente del éxito de la fórmula, no duda en abusar perversamente de ella.

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El resultado, de calidad innegable en todos sus aspectos, no logra ejercer en el espectador una atracción inevitable, una identificación fascinante; la elipsis se extrema demasiado (Gosling tuvo que aprenderse únicamente 17 líneas de guion); la paranoia asiática de Refn resulta ininteligible, y la violencia, preciosa y naturalista, no es tanta ni tan brutal como se prometía en el tráiler (dicen que en Cannes la abuchearon por su excesiva violencia [!]; supongo que en Sitges habrán hecho lo propio por lo contrario). En general, da la sensación de que a Refn le ha faltado entusiasmo a la hora de rodarla, de dirigirla, y que se ha conformado con seguir, sin ningún complejo, la estela de Drive. Esa vaguería pasa factura a Only God Forgives, una película de notable calidad, pero que ya no sorprende y, lo que es más importante, por momentos aburre.

Esperemos que Dios le perdone…

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