The Last Guardian: uedista de por vida

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Con solo tres obras a sus espaldas, Fumito Ueda se ha convertido en uno de los creadores de videojuegos más influyentes y admirados posibles de encontrar. Tras dos trabajos como animador, en Sony identificaron muy acertadamente su potencial y le asignaron un pequeño equipo para desarrollar un proyecto, que se convertiría en Ico; luego vino Shadow of the Colossus. Los dos obras maestras. Y después se embarcó en otra producción que, tras vaivenes provocados por el cambio generacional de consolas, ha llevado diez años sacar a la luz: The Last Guardian.

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A muchos ha decepcionado, a otros, como a mí, ha encantado; porque la verdad es que Fumito Ueda no diseña juegos que gusten a todo el mundo: los fanáticos de los COD, por ejemplo, encontrarán aburrida su obra. El cliché de que si un videojuego es bueno debe gustar a todo el mundo no vale: Minecraft o los juegos de Los Sims son buenos, pero su propuesta a mí no me convence y nunca los he jugado. Y no podemos olvidar que los juegos de Fumito Ueda son únicos en su especie.

Y sobre The Last Guardian quería echar unos verbos… Ya que he terminado la aventura recientemente: el día de Navidad para ser más exactos.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención y que confirma lo que ya se vio en Shadow of the Colossus es que el japonés está creando un universo digital nuevo: sus tres obras transcurren en el mismo mundo, quizás en periodos históricos distintos, pero es obvio que el castillo de Ico, los páramos de la Tierra Prohibida de Shadow of the Colossus y el nido maléfico de The Last Guardian pertenecen a un mismo espacio de civilización inventada en la memoria de la humanidad. Las lagartijas que aparecen en The Last Guardian son las mismas que veíamos en Shadow of the Colosssus. Crear toda una nueva cultura digital… ¿no es digno de admirar?

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No voy a redundar en lo que ya se ha dicho en otras partes. The Last Guardian es una historia muy emotiva, simple, como las mejores, pero profundamente humana: la amistad surgida entre dos seres de distinta especie que se necesitan el uno al otro para poner fin a su cautiverio, aunque en principio estuvieran destinados a ser antagónicos. Trico te arrancará sonrisas, ojos casi a punto de soltar lágrimas y, cuando esté en peligro, te acordarás de cuando él te ha salvado, lo que producirá en ti una compasión como nunca antes se había visto en un videojuego.

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En lo técnico, The Last Guardian no es ni mucho menos el techo de Playstation 4, pero el trabajo ha sido sin duda poderoso. Mover a Trico, con todos sus detalles de movimientos y demás, es una tarea nada fácil; mucho más si la aventura de los dos protagonistas transcurre en escenarios verticales, casi celestiales, rodeados de una naturaleza y una arquitectura majestuosas. En lo jugable y narrativo sigue los mismos derroteros que las obras anteriores de Ueda: plataformas, puzles y diálogos contados con los dedos de una mano; ni barra de vida, ni iconos, ni cualquier otra herramienta habitual que nos indique el proceso de la partida. Imaginación, usa tu imaginación, del mismo modo que lo deberás hacer para entender el argumento, por otro lado, no muy complicado.

Hay dos aspectos técnicos que merecen especial mensión. Uno porque resulta incomprensible: la cámara. Da muchos problemas en determinados escenarios, no del todo críticos, pero sí algo exasperantes cuando suceden. Puede ser que te subas a lomos de Trico y no veas absolutamente nada, salvo su plumaje, si hay paredes u otro elemento inmediatamente cerca. Incomprensible sobre todo si tenemos en cuenta que el desarrollo del juego ha llevado diez años. A otros jugadores no sé, a mí me ocurrió solo en ocasiones contadas, pero fueron muy pesadas de sobrellevar.

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El otro es el de la inteligencia artificial de Trico. En no pocas ocasiones parece que no nos hace ni el más remoto caso, pero esto se explica porque Trico no es humano: es como cuando le dices a tu mascota que haga algo y le cuesta comprenderlo. Algunos han visto esto como una excusa que cubre una deficiencia de los programadores, pero la verdad es que si Trico realizase todas las órdenes desde el principio sin el más mínimo conflicto, la experiencia de juego no resultaría ni de lejos la misma. Es más, durante mi partida, hubo momentos en los que achaque mi bloqueo en el progreso a la falta de inteligencia de Trico, para descubrir posteriormente que él me estaba indicando el camino correcto. Y yo me daba con un canto en los dientes y le acariciaba como pidiéndole perdón por los insultos recibidos…

The Last Guardian no resulta tan sublime como Shadow of the Colossus, pero es otra obra maestra.  Principalmente porque no existe otro videojuego como él. Sí, es corto y hace gala de taras incomprensibles. Pero seguiremos esperando lo nuevo de Fumito Ueda, sobre todo cuando ha expresado su interés en crear un shooter en primera persona: ¿qué diablos tendrá pensado?

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