The Loved Ones: ¿a quién amas?

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The Loved Ones (2009), ópera prima del australiano Sean Byrne, guarda su mejor baza en su capacidad para engañar; para quebrar tus expectativas cuando pensabas que ya sabías lo que te ibas a encontrar. Atendiendo al prólogo y el principio del primer acto, puedes llegar a pensar que te vas a enfrentar a un terror familiar, ese en el que una familia disfuncional, en apuros económicos o frágil emocionalmente se enfrenta a una amenaza que los hace reaccionar y salir adelante; pero no. Porque después llega el torture porn, y el slasher, y la sutil inspiración en clásicos modernos como La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos, y entonces tus conjeturas iniciales se van un poco al garete.

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La historia de The Loved Ones interesa, aunque no sea muy original (una historia de secuestros y torturas); un escollo salvado por un innegable buen hacer del director, que echa mano de unos recursos que le funcionan muy bien, como la caracterización de los personajes con un tipo de música o una canción específica, la sugerencia del aislamiento en el páramo australiano con una fotografía despoblada y sobria o el uso de imágenes —y de ideas contadas en imágenes— y diálogos muy perturbadores. No menos importante es la creación de una mala de libro, una perfecta (y tremendamente repulsiva) antagonista a la que desearemos la muerte sin ninguna compasión, y, asimismo, que, aunque es previsible, guarda una muy agradecida sorpresa final que hará las delicias de los más exigentes.

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Esta habilidad creativa nos hará olvidar, por otro lado, una historia en la que la maldad es arbitraria y no tiene justificación y, por momentos, resulta poco verosímil. También lo son las carencias reflexivas de The Loved Ones, amén del incesto (más un recurso a lo deus ex machina que una verdadera preocupación por comprenderlo o diseccionarlo) y de la idea principal: esperar la llegada del príncipe (o la princesa) azul no solo es una estupidez sino que, a veces, crea horribles monstruos. O lo que es peor: la existencia de personajes que son absolutamente puro relleno, pues no ya su relevancia, si no su propia existencia carece de cualquier tipo de influencia en el devenir o el significado final de todo el conjunto. Estos grumos se atragantan y provocan que los 84 minutos parezcan muchos más.

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En general, The Loved Ones satisfará a los amantes del género, sorprenderá a los consumidores ocasionales de terror y horrorizará a los pedantes de turno. Lo más curioso (y volvemos ahora a lo que indicábamos al principio) es que funciona como una curiosa transvaloración de todo lo que pudimos ver en Carrie (1976) de Brian de Palma (o en su remake), otro clásico moderno basado en la novela de Stephen King. No sabemos si esto último fue aposta o sin querer, pero hizo que Sean Byrne consiguiera, pese a los vicios señalados, un debut más que llamativo. Habrá que seguir su evolución…

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