The Sacrament: ¡Sectas, sectas, qué pasa!

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Ayer vi The Sacrament, la película de Ti West apadrinada por Eli Roth, un filme de metraje encontrado que tiene como principal protagonista a una secta. Es curioso como en los últimos años se ha producido un revival que trata sobre este aspecto (Red State, 2011; Sound of My Voice, 2011; The Master, 2012; o el corto “Save Heaven” de V/H/S 2, 2013), muchas de ellas encaminadas hacia el terror. Tal vez el fenómeno se deba a una percolación hacia el cine de la sensación de sectarismo que se respira en la sociedad, no ya de la consabida etiqueta política, si no, hasta como ocurría en Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift, por la manera en que se rompe un huevo: tienes que ser de un equipo de fútbol (aunque no te guste), de un estilo de música, de una marca de ropa, de una red social, Burguer King o Mc Donalds, Mac o Pc, etc. Estás con nosotros o estás contra ellos; avivando boberías, que nunca está de más; ni de menos.

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Sea como fuere y por lo que fuese, se producen, se escriben y se filman cintas sobre sectas. The Sacrament, como se ha dicho, adopta el formato de metraje encontrado, como también hizo “Save Heaven”; las dos comparten, asimismo, el que sus protagonistas sean periodistas. Y ahí acaban los puntos en común: el bestial corto tira por lo sangriento y explota las cualidades de la técnica cámara en mano, mientras que el largometraje de Ti West apuesta por el misterio, el thriller, para ir quebrando poco a poco tu quietud, para que tu tranquilidad, esa que descansa sobre el aparente cobijo y la seguridad que ofrece la urbe, se acojone, ya que estos dos aspectos desaparecen allí donde todo el mundo se ha propuesto olvidar el progreso y la realidad posindustrial de la era del teclado. Así, Patrick, un fotógrafo de Vice, recibe una carta de su hermana exdrogadicta (la cual ha estado curándose en un grupo que, un día, colectivamente, decidió vender todas sus posesiones y marchar a un lugar fuera de Estados Unidos que nunca se dice cuál es) en la que esta le dice que acuda a verla. Junto a él marchan el director de Vice y un cámara, que ven una ocasión sin igual para ahondar en inmersionismo, el reportaje que tan de moda está poniendo la revista digital neoyorquina y ofrecer a sus lectores-visionadores un documento único.

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El punto más fuerte de The Sacrament es que consigue mantener tu atención como si fuera un largometraje de formato o técnica clásica y no un metraje encontrado. En mi caso, normalmente, la primera media hora de este tipo de películas la trago sin más, pues no ocurre nada que llame la atención a la subjetividad que impregna, por el recurso de la cámara en mano, a la imagen: por ejemplo, hasta que comienzan los primeros incidentes en El proyecto de la bruja de Blair, las primeras canalladas en Proyecto X o los primeros fenómenos en Chronicles o cae el muerto por el hueco de la escalera en Rec). En The Sacrament podríamos decir, incluso, que no pasa nada en este sentido (salvo dos o tres momentos muy marcados) y, pese a ello, el ambiente, la atmosfera de intranquilidad y desconfianza que inunda todo el metraje, logra captarte para que sigas el desarrollo de la narración sin perderte un instante de lo que pasa en la pantalla. En torno a ese don natural para contarte la historia con regusto a pasado, como si la escucharas sentado frente a una fogata, reside el alma de la película, que se apoya en unas actuaciones acopladas perfectamente a la atmosfera (excelente trabajo de Ti West moviendo la batuta), y en una captación de panorámicas que ahonda en la sensación de aislamiento. Todo esta pensado para que te sientas alejado de la civilización en la que te crees invencible y te creas presa de una nueva, minúscula y apartada sociedad; de un punto de no retorno.

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Aunque pueda dar esa impresión en algún momento del metraje, The Sacrament prescinde por completo de cualquier intención moralizadora, social o política, pese a pasajes proféticos o hagiográficos, y apuesta por el desarrollo frenéticamente tranquilo de un guion que, sin grandes diálogos o momentos, te coge de la mano para que pasees con él. Te vas a dar una vuelta porque te apetece estirar las piernas, no porque quieras follártelo. Para lo bueno y para lo malo, esa es la realidad de The Sacrament, que, me temo, solo gustará a los que agrade el formato de metraje encontrado o por lo menos no les horrorice. Al resto les resultará un tremendo tostón.

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