Doctrinas, palizas y casposos de mierda

No cabe duda de que la noticia de la semana —que aún colea y lo seguirá haciendo durante todo el año— es la derogación del carácter retroactivo de la Doctrina Parot por el tribunal de Estrasburgo. La cosa ha despertado las iras y los aplausos de defensores y detractores, como es obvio, y lo paradójico es que ambos coinciden en un aspecto fundamental: solo tienen en cuenta a los presos de ETA. Dudo que Alberto Garzón se alegre de la derogación de la susodicha doctrina porque Miguel Ricart o un violador de niños se pueda beneficiar de ella, igual que a la AVT le importa un pimiento que otros tantos asesinos que no hayan matado por la libertad de Euskal Herria salgan a la calle. A nadie le importa un delincuente común (robos, atracos, asaltos, hurtos…) que pueda verse perjudicado por la doctrina, porque eso no da votos; ni seguidores en Twitter

La hipocresía esta ahí, claro, intrínseca a la política. Y más cuando alguno de los presos, sin aplicación de la doctrina o no, iba a salir ya a la calle por llevar casi treinta años preso (el máximo permitido por la Constitución). Que si por algunos fuera se quedaría toda la vida en ella, o mejor aún, se le aplicaba la pena de muerte. Otros, los que pensamos que la justicia no es más que una manera eufemística de nombrar la venganza, y que la cárcel es inhumana hasta para alguien que se haya comido crudo a un bebé, nos alegramos íntegramente de que se haya destruido una trampa legal que choca de pleno con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Otra cosa es que haya gente que merezca morir, pero la tiranía del Estado ya es demasiada como para permitirle más.

venenosabatico

Una tiranía del Estado que, por otro lado, siempre se muestra precavida no ya con las denuncias, sino hasta con las evidencias visuales e indudables, que se presentan en contra de sus fuerzas de seguridad, a quien, dicen (compasivos y solidarios), no hay que prejuzgar, aun cuando puede verse, como si de una película se tratase, como entre siete, ocho o nueve agentes de la ley y el orden de Cataluña golpean continuamente a una persona ya reducida. Juan Andrés Benítez murió horas después debido a «múltiples traumatismos sobre la región craneo-facial». Se escudarán en que eso provocó un fallo cardíaco, y que a su vez el muerto padecía una enfermedad del corazón, ocultando, con una desfachatez asquerosa e ilógica, que si esos golpes no se hubieran producido él no habría muerto; vamos, que son la causa de la muerte, del hecho. A estos mozos, tanto el Consejero de Interior de la Generalitat, Ramón Espadaler, como el presidente de la misma, Artur Mas, no solo no les aplicarían la Doctrina Parot, sino que piden que no se les prejuzgue con informaciones parciales (!). Lo más probable es que ni siquiera pierdan sus puestos, o que los Reyes Magos les traigan un indulto.

Y entremedias se murió Manolo, el del carro, no el del bombo, que ese no se perderá hoy el partido, como tampoco lo hubiera hecho su tocayo cantador, que, si bien pudiera ser todo lo buena persona que se esfuerzan en expresar gentes de la calle que no le conocían y un amante del arte más vanguardista, aceptó desempeñar un papel sociocultural relacionado directamente con el marujismo, con el nacionalismo y con la más chocarrera banalidad. Los nacionalistas españoles le lloran —no podía ser de otra manera— y los nacionalistas periféricos festejarán su muerte, pero ninguno de ellos se perderá el Barça-Madrid de esta tarde; ahí la unidad de España y la libertad de Cataluña importan poco. Y no lo digo por ser antifutbolero, que uno sabe apreciar la belleza de un gol y un juego apasionante que tiene más de táctica bélica que de deporte, lo digo porque hay personas que llevan toda la semana o todo el mes (o todo el año, vaya usted a saber) esperando el encuentro; gente que si pierde su equipo tal vez no cenarán, se vayan a su casa decaídos, tristes, y no hablarán de otra cosa durante toda la semana que viene, como si el partido fuese la Teoría de Cuerdas. Antes he mentido, porque estos sí que merecerían que se les aplicara la Doctrina Parot; u oye, cuanto menos impedirles que voten en una elecciones…

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