Watch Dogs 2: cómo cargarse una IP al intentar renovarla

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La creación de la IP de Watch Dogs me entusiasmó. De hecho, en parte fue precursora del auge en el interés por la seguridad informática, por el hacking, que vivimos en la actualidad; no en vano, apareció un año antes que el primer episodio de Mr. Robot. Por eso me urgía experimentar su secuela, Watch Dogs 2, que un gran amigo tuvo a bien regalarme por mi cumpleaños. Me temo, no obstante, que la comparación con su predecesor va a ser inevitable…

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Si comenzamos por lo más básico, Watch Dogs 2 luce espectacular en gráficos y sonido. En este sentido se muestra bastante superior a la primera entrega. A ello, hay que añadir un estilo muy vistoso, colorido, que contrasta sobremanera con la fosca paleta de colores de su predecesor (que no por ello la hacía peor). Especialmente atractivas son las secuencias cinemáticas al más puro estilo Anonymous (o F*** Society): un claro ejercicio de expresión artística digital.

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En la jugabilidad, sin embargo, poco aporta que no lo hiciera ya el primer capítulo. Las mecánicas son exactamente las mismas, no similares, sino iguales. Cierto que en Watch Dogs 2 se incluyen nuevos gadgets (el saltarín, el dron) y recursos (la posibilidad de lanzar contra los enemigos a bandas rivales o a la policía), pero resultan insuficientes para poder hablar de evolución. Así que seguiremos resolviendo puzles de hacking, hackeando cámaras, vehículos y demás para afrontar la estrategia a seguir en el cumplimiento de cada misión. En este sentido, no ha servido de mucho la oferta de optar por una estrategia más sigilosa o agresiva, ya que al final, aunque la posibilidad de completar una misión utilizando solo la infiltración o la acción es posible, en la mayoría de las ocasiones acabaremos por alternar ambas opciones tácticas.

Y luego está la historia de Watch Dogs 2… Está conectada con lo sucedido en Chicago en el primer episodio, se hace referencia a ello, sigue en actividad DeadSec y Ray es un PNJ, ¡incluso aparece Aiden Pearce! Así que Blumen sigue tratando de someter al mundo con CtOS, su sistema de control y vigilancia masivo, y DeadSec está ahí para impedirlo. A este respecto, Watch Dogs 2 se muestra mucho más visceral y burdo que la primera entrega. Lo que en Watch Dogs se iba descubriendo, se insinuaba, aquí se explicita desde el principio. De hecho, en el tráiler en España Ubisoft lanzaba un eslogan pretendidamente trasgresor en boca de Marcus: «Juntos acabaremos con el sistema». El ciberanarquismo y el anticapitalismo convertidos en un arma del inbound marketing; cada uno que lo juzgue como crea conveniente. A mí desde luego me ha gustado la idea, porque aunque se aprovechen del descontento popular, el mensaje llega.

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Caso aparte es lo que concierne a la trama, el guion, la atmósfera y el diseño de personajes de Watch Dogs 2. 

El desarrollo de la historia es previsible y típico a más no poder. Nada, absolutamente nada, sorprende, lo que le resta buena parte de atractivo e interés (aunque siempre es agradable sabotear al alter ego virtual de Google o Facebook, o sacar a la luz las inicuas intenciones del establishment político).

En Watch Dogs la historia de Aiden Pearce era oscura, seria; él era un cibercriminal no un hacktivista, y su principal motivación era acabar con el culpable de la muerte de su sobrino, hecho que lo atormentaba. Pero en Watch Dogs 2, por contra, los personajes carecen de hálito humano, más allá de un carácter lúdico festivo muy colorido y cool: «Eh, el sistema apesta, vamos a acabar con él», y ya. No existe nada profundo, nada personal, que los mueva a actuar como lo hacen. Sí, impartir justicia es ya de por sí una buena causa, pero la ausencia de intrahistorias limita la profundidad psicológica de los personajes y el significado de lo que Ubisoft nos quiere contar/vender.

El empeño de Ubisoft en crear personajes carismáticos se torna en un completo fracaso que no salva ni el excelente doblaje al castellano. Chistes malos, chascarrillos que reclaman el orgullo friki sin sal ni pimienta y un buenrollismo flashy, pero antihipster, te arrancarán resoplidos a más no poder. Marcus, el protagonista, por ejemplo, es una excéntrica mezcla entre Steve Urkel, Chris Rock y Wesley Snipes: un tipo muy inteligente que a veces va de gracioso nerd y acto seguido empuña un lanzagranadas.

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Pese a todo, y aunque me costaba ponerme a jugar con él, he disfrutado Watch Dogs 2. Especialmente el final, no tanto por lo que cuenta sino por cómo me deja jugarlo. Esas dos últimas misiones merecen mucho la pena, aunque sean lo único verdaderamente llamativo a nivel jugable en las más de 30 horas de duración. Porque, seamos claros, Ubisoft, las carreras de karts o de drones, hacer de taxista o buscar botes de pintura me excitan tanto como depilarme con cera el ojo del culo.

En fin, sin contar con Horizon Zero Dawn, que no es un sandbox al uso, espero con ansia Red Dead Redemption 2, a ver si me resarzo de esta espina que llevo clavada con el género desde hace algunos títulos por estos u otros motivos.

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